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¿La tristeza o el estrés lo vuelven vulnerable frente al covid?

by Editor
¿La tristeza o el estrés lo vuelven vulnerable frente al covid?

¿Seríamos superhumanos si pudiéramos controlar todos los procesos de nuestro cuerpo de forma consciente? Qué tal si pudiéramos decidir qué recuerdos borrar y cuáles conservar, o qué enfermedades sufrir y de cuáles sobrevivir. De forma literal es imposible, pero el sistema nervioso y el sistema inmunológico están tan estrechamente relacionados que, está comprobado, sus emociones pueden volverlo más o menos propenso a enfermarse.

A veces, el poder está en usted. El estrés, las situaciones de presión, la tristeza, la ansiedad pueden bajar su respuesta inmune ante infecciones, y estar tranquilo, alegre, puede mejorar su sistema y hasta darle una ventaja de respuesta ante microorganismos tan importantes como el actual covid-19.

Pero ojo, no basta con estar de buen humor para estar saludable; no quiere decir que solo basta con reírse para ahuyentar virus o que estar tranquilo y feliz le garantizará una vida de salud. No, no es tan fácil. Es más complejo y se trata de toda una relación bidireccional entre dos de los más importantes sistemas del cuerpo: el inmunológico y el nervioso. Porque el cerebro está envuelto en todos los procesos que se dan dentro de cada humano.

Relación bidireccional

No es nuevo. Hay estudios, investigaciones, experimentos con animales y con humanos que han probado, de diferentes formas, cómo las emociones y el estado del sistema nervioso afectan la respuesta inmunológica.

De acuerdo con Ana Lucía Miranga Angulo, médica, magíster en genética, doctora en neurociencias y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, hay una disciplina que explica esa conexión: la psiconeuroinmunoendocrinología, que investiga cómo los pensamientos y emociones tienen impacto directo en el sistema inmune, y que data de 1975, cuando se demostró que en animales se podía modificar esa respuesta a partir de la sugestión, con un engaño, a ratones. Pero añade que lo que más se ha estudiado es el estrés. Se sabe que ambos sistemas se comunican a través de hormonas y de neurotransmisores.

Según John Fredy Castro, líder del Grupo de Neurociencias y Envejecimiento de la Corporación Universitaria Remington, aunque todos los sistemas son importantes, tanto el nervioso como el inmunológico son claves: el primero controla el resto del cuerpo, “es capaz de censar, de identificar, lo que está pasando y de responder”, mientras que el segundo “es un sistema líquido, que se moviliza por todo el cuerpo y que también responde ante lo extraño”.

Un buen equilibrio entre todos los sistemas, un balance sano, es lo que se conoce como homeostasis.

Entonces, no solo las emociones afectarán la respuesta inmune sino que, una vez enfermo, esta respuesta también lo condiciona a usted para que se sienta agotado, cansado, triste. Por eso se considera una relación bidireccional: porque, a grandes rasgos, estar triste lo vuelve propenso a enfermarse y enfermarse lo puede entristecer, pero ya le explicamos cómo.

¿Cómo es esta relación?

Las células del sistema inmune que están fuera del cerebro pueden viajar hasta él o enviar sustancias que alertan, que indican que algo está pasando, que hay una infección externa o un agente extraño, y ahí entra en acción la respuesta inmune.

Explica Castro que cuando se reconoce al microorganismo externo, como a un virus, se aumenta la citoquina, liberada por el sistema inmune que llega hasta el nervioso y activa las señales de respuesta. Actúan ambos sistemas para eliminar el agente, controlarlo, recuperar y reparar el lugar en el que se hace el ataque. Si no trabajaran juntos, el inmune podría continuar controlando el virus, atacándolo, sin saber cuando detenerse, y terminar por hacer un daño mucho mayor en el cuerpo que el mismo virus.

Entonces ya se sabe que hay una respuesta interna, pero hay otra en el exterior. Hay animales que se aíslan cuando están enfermos porque no quieren contagiar a los demás y prefieren morir solos. Así mismo el cuerpo humano parece preparar al enfermo para recuperarse. Según Castro, las conductas cambian, se sienten agotados, cansados, y es “una respuesta del sistema nervioso para que la persona esté lo más inactiva posible”. La doctora Miranda lo llama “comportamiento del enfermo”, que incluye estar triste, quieto, porque “el sistema inmune acepta la infección y ahorra energía para poder combatir, por lo que requiere tiempo en cama, regulándose”. Sentirse triste, más cansado, es normal, le permite el ahorro energético para que no gaste glucosa y oxígeno moviendo músculos y sistemas.

¿Qué tienen que ver las emociones?

¿Le ha pasado que se siente triste, aburrido, y justamente le da gripa? Puede que no sea coincidencia. De acuerdo con Liliana Zuliani Arango, médica del CES, especialista en psicología infantil y profesora e investigadora de la Universidad de Antioquia, el cerebro tiene un papel importante en regular el sistema inmunológico y todas las funciones del cuerpo.

Por eso, si un virus entra a un cuerpo estresado, triste, emocionalmente alterado, puede tener un ambiente más propicio para multiplicarse porque “ese sistema inmunológico estará ocupado en otras cosas o estará inmunosuprimido porque el cerebro está con otras hormonas liberadas por el estrés o por los problemas emocionales que se tiene”. Así, virus, infecciones y hasta mutaciones celulares como cáncer podrían multiplicarse más fácil al no tener una barrera de contención porque emociones como ansiedad, fobias, estrés, entre otras, pueden liberar adrenalina, activando el sistema linfático y disminuyendo la respuesta del sistema ante el virus extraño.

Esto se ha comprobado incluso con experimentos donde actores simularon emociones y, aquellos con tristeza o rabia, presentaron disminución en su respuesta inmune comparados con los alegres, cuenta Miranda. Y puede ocurrir de forma opuesta: emociones positivas como el amor, la felicidad, estar tranquilo, sentirse bien, produce el efecto contrario, añade Arango. Se liberan endorfinas que disminuyen el dolor, que relajan y, cuenta, se ha evaluado esto con neuroimágenes que demostraron que con estas emociones positivas se estimulan zonas que elevan sustancias que evitan que se reactiven inflamaciones, las hormonas del estrés, entre otros. Eso es la homeostasia: estar bien y sentirse tal cual.

Estrés: un viejo conocido

El estrés no solo cambia su estado mental y sus comportamientos, sino también la forma en que su sistema inmunológico funciona. Esto ya se sabe y ya se ha comentado: hay una afectación directa a los neurotransmisores del cerebro que altera la respuesta inmune.

Ya desde los años 80 se experimentó con voluntarios que fueron infectados, a propósito, con el virus de la gripe. Aquellos con más estrés fueron los que más posibilidades tuvieron de resfriarse. Miranda explica que el estrés en sí no es una enfermedad, sino “una respuesta adaptativa que tenemos todos y que se puede volver crónico y aumentar el riesgo de enfermedades mentales y físicas”.

Cuando un evento estresante y espontáneo ocurre, se genera adrenalina y noradrenalina que suelen impulsar a la acción pero, cuando se trata de un estrés prolongado, crónico, se afecta el sistema inmune porque se desensibiliza. Arango lo explica así: el cerebro regula todo el cuerpo; cuando hay estrés, se liberan sustancias que producen una inmunosupresión.

Cuando el estrés es muy marcado, la liberación de estas hormonas es mayor y, con esto, se vuelve menos funcional la respuesta inmune y, de hecho, perjudicial: el aumento de cortisol (hormona en respuesta al estrés) genera hipertensión, reacciones inflamatorias, dolores articulares, entre otros.

Castro explica que este cortisol puede generar tanto impacto que alcanza, en casos crónicos, a alterar los genes y generar cambios epigenéticos que cambian células, tejidos, y que disminuye la capacidad de regulación, deteriorando los sistemas y ocasionando que la persona se enferme mucho más fácil. Sin embargo, estados de tranquilidad, felicidad, alegría, también producen cambios positivos y mejoran el sistema, disminuyendo reacciones inflamatorias o la hipertensión arterial, aumentando la endorfina, entre otros.

¿Se puede prevenir el covid?

El covid genera una respuesta inmune muy fuerte, libera sustancias que activan a todo el sistema, como la fiebre que busca combatir la infección, pero explica Castro que sí hay subestudios que indican que patologías neurológicas, como la depresión, que afectan al sistema nervioso, pueden volver al individuo más propenso a tener una respuesta menor combativa frente al virus.

Posterior a la infección con coronavirus puede también haber influencia, explica Miranda. El virus genera un estado posinflamatorio en todo el cuerpo que, de sobrevivirse, genera secuelas y “el sistema inmune queda hiperactivo, con estado de hiperexcitabilidad nerviosa. Eso se traduce en personas con migraña, dolor de cabeza, ansioso, depresivos…”.

Por eso, según Arango, es importante prestarle atención a la emoción, porque tener efectos inmunosupresores causa un ambiente perfecto para que el virus sobreviva sin ser combativo y “se ha demostrado la importancia de lo emocional porque sí influencia al cerebro que es el que regula el sistema inmunológico y lo puede volver vulnerable”. Para esto hay algunos consejos.

Algunos consejos de autocuidado:

1. El funcionamiento de su sistema inmunológico cambia según la hora del día. Tiene mejor respuesta ante virus, bacterias y demás organismos en las noches, cuando las células inmunitarias circulan por todo el cuerpo y se detienen en nuestros ganglios linfáticos a guardar la información obtenida en el día. Procure tener buenos tiempos de descanso.

2. El sistema inmune envejece con los años, volviéndose más vulnerable ante organismos externos, pero su edad no coincide con la cronológica. Aunque el envejecimiento depende de la genética en gran medida, también se ve influido por el estilo de vida. Se recomienda mantenerse activo físicamente y evitar fumar.

3. La nutrición es clave. Alimentarse de forma adecuada, con alimentos de todos los grupos.

4. Autogestión del estrés. Busque alternativas de meditación, actividad física y pausas que le permitan controlar sus niveles de estrés.


Fuente: www.elcolombiano.com

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